Cuando seguimos de cerca las narraciones de Saer se vuelve difícil no reconocer la ponderación de la poesía como el género que permite expresar de manera privilegiada eso que la literatura (no) puede. Pero no deja de inquietar el hecho de que el recurso a ese género, entendido como “el ejemplo privilegiado de la literatura”, sea el modo en que Saer encuentra para dar a entender qué significa narrar cuando los estándares representativos de la novela realista ya no resultan adecuados. A los fines de precisar aquello que para Saer diferencia al juego de la narración, en este escrito procuramos responder a la pregunta acerca de la específica modalidad de ingreso de la poesía en su narrativa. Para ello, acompañamos la exploración saeriana en tres momentos entendidos como instancias de interferencia entre la poesía y la narración.