Hay algo novedoso que se deja entrever en esa mezcla de odio y goce que traducen las entonaciones contra Cristina. No se trata solo del núcleo más fiel al oficialismo sino de un universo de subjetividades que se siente muy a gusto en la derecha más dura, las nuevas tecnologías y los resabios de la estética posmoderna. Una mezcla de fascismo social, personajes públicos que transpiran ideas reaccionarias y especulaciones sobre el fin de la ideología y el pensamiento crítico.